Vino de cruza · valle con memoria
Un perro criollo no tiene raza definida, pero tiene algo mejor: pertenencia. Este vino es lo mismo — no busca parecerse a nada de afuera. Es de cruza, es de este valle, y lo servimos con orgullo.
La que estaba primero.
Como el perro criollo, no tiene raza definida — tiene otra cosa: pertenencia. Es la uva de todos los días, la que se toma sin ceremonia, la que reconoce cualquiera que sea de acá.
Ningún perro criollo tiene raza definida.
Se llama Cruza porque así se describe mejor a un perro sin raza fija — con carácter propio, impredecible, y absolutamente de acá. Es su propia mezcla, la que salió de este suelo.
Este vino sale de Guardianes, una bodega mendocina dedicada a rescatar viñedos antiguos y variedades que estuvieron a punto de desaparecer. En vez de arrancar de cero, ponen en valor lo que ya existía.
Se trabaja con variedades históricas —Criolla, Sangiovese, Bonarda— en zonas como Ugarteche, Rivadavia y Lavalle, donde todavía quedan viñedos viejos que el boom exportador fue dejando en un segundo plano.